Chincolco, por allá por donde el diablo perdió el poncho

Descubre junto a Runology Proyect una desconocida localidad llena de historia y de magia ancestral.

¿Dónde fue que el diablo perdió el poncho? Al parecer, no tan lejos como creíamos. El historiador Elías Lizana escribió que, “El diablo nació en Mincha, en Choapa se hizo minero y en Chalaco perdió el poncho, dejando el sombrero en el fundo Carén”.

El último viaje de Runology Project nos llevó hasta Chincolco, localidad cercana a Chalaco, ambas partes de la comuna de Petorca, ubicada a unos 220 kilómetros de Santiago, en la Región de Valparaíso.

Y si bien no andábamos tras la pista del ‘colorado’, sin querer nos encontramos con mucho más. Un valle lleno de magia ancestral, burros salvajes, arrieros, esencia propia y un estilo colonial que perdura en la historia y se mantiene entre la modernidad que lo rodea. 

Chincolco, por allá por donde el diablo perdió el poncho, es un lugar quizás poco conocido popularmente, pero con un potencial por descubrir. De esos lugares de bajo perfil que encantan desde el primer momento, y de los cuales siempre se queda con gusto a poco.

Solo fueron tres días, disfrutados desde el alba al anochecer, pero no faltaron las risas, la tierra, el buen dormir y el comer. Nos sentimos como en casa y eso se lo debemos a la familia Prado, especialmente a Don Raimundo, a sus hijos Raimundo, Nicolás y Elena, y a don Amable, al que definitivamente el nombre le ‘pega’. 

Directo al grano

Entre gallinas, caballos y burros salvajes, llegamos a una casa estilo colonial con más de un siglo de historias, con pasillos que dan a espacios abiertos, techos altos y esas cocinas para quedarse el día entero conversando en torno al fuego .

Bastó un asado de cordero al horno, la primera noche, para dar comienzo a un fin de semana repleto de risas, mucho ejercicio y más de algún chascarro. Quedarse hasta las tantas conversando era una gran tentación, más si se acompañaba de un buen vino. Sin embargo, el tiempo apremiaba y al día siguiente nos esperaba una ruta de trail running cuesta arriba.

La oscuridad total lejos de la ciudad y el silencio interrumpido solo por el ruido de la naturaleza, hicieron de la primera noche un descanso que muchos necesitaban. A la mañana siguiente, las propias tareas matutinas del campo nos fueron despertando, sin la necesidad de la alarma del teléfono. Además, quién se iba a negar a un desayuno de campo que prometía pan amasado y huevos de gallinas felices.

La felicidad de subir…para después bajar

El primer día las actividades se dividieron en dos. El punto de inicio era el mismo, y la meta…según nos dieran las piernas a ambos grupos. Unos optaron por un trekking cerro arriba, mientras que los otros se lanzaron por una mañana de trail running. Subir para bajar era la misión, y el Cajón la Cortadera nos esperaba para adentrarnos en el Valle Chalaco.

Al poco andar las calaveras de ganado nos llamaron la atención, y el primer mito fue revelado. “Quienes se dedican al ganado dejan calaveras para espantar al Piguchén”, nos comenta Don Rai,  para referirse a una criatura de la mitología mapuche, de apariencia cambiante, que tiene el aspecto de una culebra voladora que, según relata la leyenda, tiene la fuerza para derribar árboles.

La serpiente alada, también conocida como Piuchén o Peuchén, se alimenta de sangre y las personas pueden saber dónde ha estado por las huellas de sangre que deja en los árboles, donde generalmente se esconde. O bien, por un silbido agudo que emite. Se dice que cuando un ganado adelgaza repentinamente sin causa, esta criatura sería la culpable.

Esta profunda quebrada es definitivamente el escenario perfecto para guardar mitos y leyendas, pero también para impactar con un río que apenas sobrevive y con un verde casi inexistente. La sequía ha marcado el valle y la falta de agua se ve reflejada en cada rincón.

Siete kilómetros más arriba, escalando por piedras, corriendo por tramos y caminando al paso que el calor nos permitía, un corral improvisado por arrieros fue la señal de alto. Hicimos un leve descanso para recuperar el aliento y lanzarnos cerro abajo. En total, fueron un par de horas de subidas, que se redujeron a minutos corriendo de regreso.

Al final del trayecto, un picnic en el camino. Empanadas de horno a la parrilla, huevos duros, pollo asado, vino y cerveza natural, además de mucha agua, fueron parte del premio luego de pasar horas en la quebrada.

Cuando el sol comenzó a esconderse, el viento y la temperatura cambiaron, obligándonos a dejar el increíble spot bajo el árbol para volver a la casa. Ahí nos esperaba una ducha más que reponedora, un asado y el relajo necesario post cerro.

Afírmate Juana que vamos a galopar

El último día en Chincolco comenzó con un desayuno al aire libre y una sobre mesa adivinando cuáles eran los pájaros que llegaban a curiosear el menú. Y luego de un recorrido por el lugar con las gallinas más lindas y felices que he visto, la cabalgata prometida no se podía dilatar más.

Nunca he sido amiga de los caballos, no sé montar uno y confieso que tenía más miedo que ganas de subirme. Tuve la opción de quedarme, pero ante la comitiva preparada, quién puede decirle que no a Don Rai.

Fueron un par de horas cerro arriba, una vez más, con una vista privilegiada desde las alturas de Chincolco, pero el miedo nunca desapareció. No superé la prueba, pero el resto del grupo gozó cada minuto de cabalgata.

Íbamos cerro abajo, bien afirmados y con un sabor amargo. Sabíamos que llegábamos al final de este nuevo Runology Project.

A veces no hay que ir tan lejos, ni tan cerca, para encontrar un lugar especial, con buena gente y calor de hogar. Nos faltaron kilómetros, pero el descanso llegó a su momento y definitivamente, Chincolco, nos tendrá nuevamente por sus tierras.

(Recuadro aparte)

¡Alerta en Chincolco!

Este año Chincolco celebró su aniversario 131, y entre tradiciones de campo y actividades costumbristas, mantienen la esencia viva de un lugar donde los únicos “afuerinos” son las grandes empresas que hoy tienen en jaque el agua del sector, y ante la sequía inminente y la escasa lluvia, se ha detonado en los últimos años una crisis hídrica preocupante para los locales.

Reflejo del cambio climático sí, pero las piscinas recolectoras de agua de las agroindustrias se divisan a lo lejos, y junto a ellas, el único espacio verde que se ve en el reseco Chincolco. 

Valle Chalaco, cajón la Cortaera (hacia adentro)

Mito del piguchén, ponen las calaveras para espantarlo

https://www.canamo.cl/2019/02/06/crisis-del-agua-chincolco-reseco/

 
300x300 outside
 
 

Banner