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Vicente Sutil:Con el corazón en la montaña

 Boina en la cabeza, ojos vivaces y sonrisa fácil. Así luce Vicente Sutil quien, con 25 años, ha  montado un largo camino sobre la montaña, desde competir en ésta, hasta compartirla. Para quien no lo conoce, la cantidad de proyectos que tiene a su corta edad puede sorprender, y para quienes sí lo hacen, saben que se ha ganado el estatus de referente nacional.

 

Vicente nació en 1994, su familia era de la costa y el mar fue su primera imagen. A los 5 años conoció la nieve, a los 12 su papá compró un departamento en la montaña y desde ese momento, comenzó a pasar los inviernos rodeado de nieve.

 "Fue una cosa innata, desde el primer día tuve una conexión especial. Partí altiro esquiando todos los días: con sol, con tormenta, con viento, sin viento, con buena temperatura, con frío, me daba lo mismo, lo hacía. Creo que ahí nació todo”, recuerda.

A los 15 años fue a su primera competencia y sacó el tercer lugar en el Circuito Bichos, que en ese entonces era el circuito nacional de menores de Ski y Snowboard. Desde ese momento, con solo tres años practicando, comenzó a dar pistas de su talento. Lamentablemente, aquel año, la temporada estaba finalizando, sin embargo, este sería el inicio del despegue deportivo de Sutil, quien comenzaba a adentrarse en el snowpark.

Con 18 años se inscribió en su primer torneo profesional de freeride, que se realizó en Santa Teresa, un sector que queda en las cercanías de Valle Nevado. En esta competencia, siendo el más joven del certamen que convocaba a invitados nacionales e internacionales, lograría alcanzar el segundo lugar. Fue ahí cuando concentró las miradas y apareció en algunas portadas, donde lo destacaron como la principal promesa del esquí nacional.

“Eso me ayudó a creerme el cuento, y decir: "ok, puedo", porque muchas veces no tienes la credibilidad ni siquiera de tu gente cercana, sobre todo cuando haces algo distinto al fútbol... no todos entienden. No tienes la credibilidad de tus cercanos, y por eso, ni de ti mismo. Que la gente del rubro se de cuenta de esto y te diga que tú eres promesa, te hace creerte el cuento y decir: si soy la promesa, me tengo que empezar a meter de lleno, profesionalizarme, entrenarme, profundizar en lo que hago”, dice Vicente.

Mientras su carrera deportiva iba en ascenso, tomó la iniciativa de estudiar una carrera universitaria y entró a ingeniería comercial en la Universidad Adolfo Ibáñez. Pero entre el segundo y tercer año de carrera, la exigencia se hizo más alta, al igual que el nivel  competitivo que alcanzaba en el esquí. Fue así como este joven atleta, pensando en abandonar la carrera, se reunió con Sebastián Izquierdo, quien en ese entonces era director de carrera.

“Fue súper sabio. Vio mis notas, mi trayectoria en la universidad y me dijo: "tú no te vas porque te esté yendo mal sino por opción. No porque te quieras ir, sino porque lo otro te gusta más y los tiempos no te dan”. Entonces dijo, "hagamos algo, armemos un plan deportivo en el que tú puedas seguir estudiando. Te vas a demorar quizás un poco más, tomando menos ramos, pero podrás sacar la carrera y dedicarte a tu deporte”, cuenta.

Este plan, que se armó usando los códigos que sigue la Universidad Católica y la Universidad de Chile, ha permitido que varios deportistas después de él, puedan estudiar y mantenerse activos en sus respectivas disciplinas.

“Me demoré dos años más en sacar mi carrera, pero pude sacar un título en vez de haberme dedicado solo al deporte. Porque el día de mañana, me quiebro un pie y quedo fuera. Al final, lo que vales es lo que estás haciendo en el día a día. Si tienes una lesión de un año o dos años, que es muy probable, quedaste fuera y te moriste de hambre. Cuando estás arriba todos te quieren apoyar, todos te quieren pagar, pero cuando te quedaste atrás, ya nadie te quiere ver, ya no le vales a las marcas. Por eso es súper bueno estudiar y haber creado este plan y haberlo llevado a cabo”, reflexiona.

 

Cable a tierra

 Los padres de Vicente no son de montaña, así lo confiesa él, por eso no alcanzan a dimensionar los lugares o proezas que está haciendo su hijo hasta que las ven terminadas. “Jamás se esperaron tener un hijo que hiciera esto, nunca en su vida lo pensaron”, opina el atleta.

De la misma forma, cuando les dijo que ellos serían su puente con la civilización, no dimensionaron lo que significaba hasta que sonó el teléfono en cierta madrugada. Vicente tenía 22 años y había viajado a Europa para entrenar. Ellos sabían que estaría en el Mont Blanc, pero nadie se esperaba que lo agarraría una tormenta de sorpresa.

“Estuvimos 10 horas debajo de la nieve, luchando por sobrevivir. De otra forma nos hubiéramos muerto caminando, como lo que pasó acá en Antuco con los militares. La misma historia, solo que nosotros teníamos el conocimiento de montaña para tomar las decisiones correctas. Eso nos salvó: supimos qué hacer, cuándo hacerlo y en qué minuto”, recuerda.

Cuando la tormenta atacó con más fuerza debieron enterrarse en la nieve, en un espacio donde solo cabían sus cuerpos, con la nieve a 10 centímetros de sus rostros. Aquí, sus mentes jugaron un rol fundamental.

“Fue súper duro, porque cuando comenzamos a cavar el iglú para meternos debajo, era como estar cavando tu propia tumba. No sabías si ibas a salir de ahí o si ibas a quedar tirado,  muerto, que muchas veces es lo que pasa”, cuenta.

Cuando llamaron desde Texas, el padre de Vicente quedó en shock, y sería su hermano quien tomaría las riendas del asunto e insistiría para que se les rescatara pronto. Eran las 5 de la madrugada pero el helicóptero solo podía salir a las 7, hora en la que amanecía y había visibilidad.

“La hora para poder despegar era a las 7 de la mañana. Entonces, mi hermano con mi papá estuvieron batallando, cosa que el helicóptero a las 7 en punto emprendiera el vuelo y nos fuera a rescatar. Así fue. Llegó a sobrevolar nuestra área a las 7:10 y a las 7:11 ya estábamos arriba del helicóptero”, dice el esquiador.

Cuando llegaron los rescatistas y vieron emerger sus figuras desde la nieve, la sorpresa fue mayúscula. Estaban acostumbrados, en estos casos, a solo recoger cuerpos. Habían tenido suerte.   

 

“Todo el rato, mi motor, mi bencina para seguir andando, fue mi familia. Me decía que necesitaba volver a ver a mis papás, que necesitaba volver a ver a mis hermanos, que tenía que bajar como fuera”, concluye.

 

Una vuelta de tuerca

Con casi cuatro años compitiendo en freeride, Vicente se dirigió a competir en los principales circuitos europeos. “Me fue relativamente bien, sobre todo siendo chileno. Saqué un 7° lugar y un 14°. Europa es lo mismo que en el fútbol, las grandes ligas, la meca... allá es donde partió todo”, comenta.

Al regreso, una idea empezó a rondar en su cabeza, la cual manifestó a sus marcas una vez aterrizó en Chile. Quería dejar de competir.

“Siempre competí por un tema de que era algo para retribuir a las marcas, porque los auspiciadores te lo exigían, y para ver qué nivel de esquí tenía, si realmente estaba dentro de los mejores. Pero después de esa temporada dije: ya, cumplí mi etapa de competencia, llevo compitiendo desde los 15 años”, cuenta.

Luego de conversar con todas las marcas que lo apoyaban, les planteó a qué dedicaría su futuro: “de aquí no compito más, me voy a dedicar solo a la producción audiovisual, material fotográfico y video. Comenzar a viajar”, les dijo.

Esto no sería nuevo para Vicente ya que, como atleta de The North Face, había sido invitado a participar en distintas producciones audiovisuales, siendo el primero el Deep Andes 1.

“Cuando tenía 19 fui a una primera expedición que se llamó Deep Andes y nos metimos en dos helicópteros en el corazón de los Andes. Estuvimos ahí grabando y explorando cuatro días, y esquiando todo lo que podíamos. Fue un gran video, algo que en Chile no se había hecho antes, algo que fue súper pionero en el ámbito audiovisual y en el ámbito deportivo”, dice.

A esta expedición asistieron grandes exponentes tanto nacionales como internacionales. De ellos, Vicente observó y aprendió. Nunca había hecho algo como eso. “Me dio miedo. Nos dejaron ahí en la mitad, los helicópteros volvieron a Santiago y estuvimos completamente independientes, solos, metidos en el segundo cordón de montañas más grande del mundo. Entonces, claro que te da miedo”, confiesa.

Desde aquella primera experiencia, Vicente no paró de asistir a estas expediciones. En un comienzo iría solo como esquiador, aprendiendo de lo bueno y de lo malo, para posteriormente, poder tomar la producción de sus propios films.

“Fui todos los años a estas expediciones. Empecé a entender cómo funcionaban, tanto en términos de producción como en términos de atletas. Hasta ese momento era como una pieza de ajedrez, porque me decían: tienes el pasaje para ese día, te subes al avión, tienes la expedición en tal fecha, tienes que esquiar de aquí a acá. No hacía más que esquiar, pero tenía los ojos abiertos e iba aprendiendo cómo se manejaba todo”, cuenta.

Con la decisión tomada, debía embarcarse a grabar su primera producción en solitario. La presión estaba presente y su credibilidad estaba puesta en juego. El destino: Cerro Castillo. La ruta: La Japonesa.

“Partimos en este primer viaje a esquiar La Japonesa, una línea de un cerro que jamás había sido esquiada, y tenía la gran historia de que había un gran atleta, Andreas Fransson -un francés de los mejores del mundo- que la tenía vista. Siempre hablaba en los videos que la quería ir a esquiar. Pero, lamentablemente, murió en una avalancha en el San Lorenzo junto a JP Auclair, un canadiense de los mejores del mundo. Sentimos que ese cerro tenía una historia súper única, que uno de nuestros ídolos la quería esquiar, que murió sin hacerla y que ahora podíamos ir y cumplir su sueño, dice.

Sin embargo, esta expedición no estuvo exenta de complicaciones. Partieron desde Santiago en dos jeeps y había lluvia, lo que significaba tormentas en la alta montaña. Para Vicente el clima toma un rol muy importante, y no hace grabaciones a menos que esté soleado. Así se asegura de resguardar tanto a los atletas como al equipo. 

Pero, en medio de la Carretera Austral, uno de los jeeps tuvo un desperfecto, dejando a la mitad del equipo tirado. Vicente y Claudio Vicuña debieron alternarse conduciendo y llevando todo el equipamiento, mientras todos los otros miembros fueron avanzando de pueblo en pueblo en buses interurbanos. Esto porque no existía un transporte que los llevara directo a su destino. 

Vicente y Claudio llegarían al siguiente pueblo. Allá iban a arrendar una cabaña donde esperarían al resto para descansar, coordinar el siguiente punto de encuentro y continuar la marcha. Y una vez en Villa Cerro Castillo debieron tomar la decisión, si devolverse a Santiago o esperar.

A las 5 de la mañana ocurrió lo que tanto habían esperado: vieron por la ventana un cielo despejado. Se acababa de abrir una ventana que duraría dos días. Y a las 2 de la mañana del día siguiente, ya se encontraban a los pies del Cerro Castillo, subiendo para hacer la línea.

Lamentablemente, el clima les volvió a jugar una mala pasada. El cerro se calentó tanto que la nieve comenzó a derretirse, produciendo desprendimientos y avalanchas. Entonces, tuvieron que tomar la decisión de no llegar hasta la cumbre sino de comenzar a esquiar un poco más abajo. De todas formas, quedaron impresionados por la calidad de la línea que estaban recorriendo.

“Fue un esquí que nunca había hecho acá en Chile. Era algo realmente impresionante la inclinación. Nosotros hacemos doble temporada en Chamonix porque la característica que tiene es que hay montañas súper verticales. Pero nunca había podido encontrar eso en la cordillera de Los Andes. Cuando llegamos, dijimos: "esto está acá, aquí está"”, relata Vicente.

El viaje resultó un éxito. La ventana duró dos días y en ese tiempo lograron armar toda la expedición. Mientras bajaban de la montaña vieron cómo empezaba a llover nuevamente, descansaron una noche en el hotel y tomaron el auto rumbo a Santiago, viendo cómo a sus espaldas una tormenta se manifestaba con fuerza. Cerro Castillo les había regalado una oportunidad y ellos no la habían desperdiciado.

“Volver a Santiago con ese material en las manos me entregó una credibilidad súper grande frente a las marcas. El primer proyecto tuvo buen resultado y este segundo proyecto, que es Resiliencia, es una producción mucho mayor porque las marcas quisieron darle con todo”, asegura.

Resiliencia

Se puede entender "resiliencia" como la adaptación positiva a los cambios adversos. Al conocer la historia de esta película, el nombre calza a la perfección. La idea apareció tras una gran decepción, en una crisis que daría como resultado la mayor producción audiovisual de Vicente Sutil, hasta el momento.

“Surgió la idea porque estábamos en la Patagonia. Fuimos a hacer un video cortito de 5 minutos. Íbamos con un solo drone y se nos cayó el primer día volando en la mañana”, cuenta.

Frente a esta situación tuvieron una reunión que duró por varias horas, en la cual debían definir qué hacer. No tenían material suficiente para poder montar el video que habían ido a filmar. Pero Vicente había reunido, a lo largo del año, material de distintas partes de Chile. Conversó con Nicolás Ganz, amigo y camarógrafo, y determinaron comenzar el proyecto.

“Se me vino todo a la cabeza. Sabía a lo que íbamos a llegar, que fue Resiliencia. Por eso fue una reunión tan larga, planeamos desde el guión hasta empezar a editar. Terminó la reunión, en la montaña misma, y dijimos: "ok, pongámonos los esquís, ya estamos claros", recuerda.

En ese momento comenzó un proceso de bola de nieve, en el que el proyecto fue creciendo. Finalmente, a diferencia de lo que habían conversado en un inicio, Nicolás no tomó el puesto de editor. Ese se lo encomendaron a Mauricio González, editor de TVN. Por otro lado, Ganz quedó como director de la película, trabajando a la par con Vicente para realizarla y promoverla.

La imagen y los logos de la película fueron obra de Patricio Díaz;  y la música quedaría a cargo de María Paz Arellano, quien compondría un material original para esta filmación. Vicente quedó como productor y director deportivo. Y sin pensarlo, la producción se convirtió en algo sumamente nacional, mostrando imágenes y profesionales chilenos.

“Hay mucho atleta chileno que va, graba, y  hace sus temporadas fuera, pero ese creo que es el problema. En el fondo, Chile tiene el potencial pero nadie lo ha mostrado, nadie lo ha ocupado, nadie lo ha hecho. Yo en eso soy súper chileno: mi montaña es la mejor del mundo, independiente de que en otros lugares los países sean más desarrollados y tengan mejor infraestructura”, reflexiona.

Conversaron con los auspiciadores, les explicaron la idea, confiaron, y el proyecto se puso en marcha.

“Lo que les planteé fue que en vez de hacer algo sobre Patagonia, iba a salir algo mucho mejor. En el fondo, las marcas lo que hacen es que me entregan el presupuesto y ahí yo hago mi pega de productor audiovisual y de eventos. Ahí está la confianza y la credibilidad. Si  tengo un problema, como el que tuve, le tengo que buscar un solución, y en este caso tuve la suerte de que la solución fue mucho mejor que lo que pudo haber pasado”, dice.

Entonces, se pusieron en marcha para conseguir las imágenes que faltaban, comenzar a editar y armar el video que habían propuesto.  Y les dieron más tiempo cuando conocieron la idea.

“Partimos en la zona central, Región Metropolitana, grabando en julio. Después grabamos en agosto en la Región del Maule y terminamos en septiembre en la Región de Aysén, cerca de Coyhaique. Entonces, tenemos tres segmentos que te muestran Chile en todo el dominio esquiable, desde la zona centro hasta la zona austral. Eso es súper especial porque te muestra todo”, explica el productor.

Con el material ya listo comenzó un intenso proceso de edición. Desde la dirección deportiva, audiovisual y edición, hicieron un gran trabajo para seleccionar el material, ya que tenían una semana completa de material y debían llegar a los 15 minutos.

“De los mil gigas de imágenes que teníamos, hice la selección de 400. Más de la mitad lo seleccioné yo. Después, ese material se lo mandé a Nicolás Ganz, él bajó a 300 y se lo envió a Mauricio, el editor. De esos 300 lo bajó a lo que es la película, que pesa 2 gigas. Se generó un equipo muy interesante entre Nico, Mauricio y yo”, comenta Vicente.

El equipo se fue coordinando para que la producción final tuviera gran calidad en el montaje, en la propuesta audiovisual y, por sobre todo, mucho esquí. Una vez terminada la edición, con la película ya lista, Vicente comenzó las gestiones para el lanzamiento. Debía presentarla a sus auspiciadores y al público en general, aunque para él, ya era todo un éxito.

“Desde el primer minuto sabes si se logró, independiente si la película se reproduce en 10 festivales, en 10 eventos o en internet, o si tiene un millón de reproducciones. Eso da lo mismo, porque al final te das cuenta si, después de todo el esfuerzo, se logró lo que querías o no”, dice Vicente.

Aún quedaba organizar el estreno oficial y la fecha se acercaba. La aceptación no le preocupaba, sabía la calidad del producto que habían creado, pero aún así, esto lo tenía muy nervioso.

“No dormí la noche anterior porque el número de invitaciones, comparado con la capacidad de asistencia, estaba al límite con el local. O estaba lleno o me sobrepasaba. Tuvimos la gran suerte de que el local llegó justo al límite: lugar lleno, no cabía nadie más, pero todos cómodos. A parte, para el evento venían los gerentes de todas las marcas que me apoyaban, entonces tenía la presión de estar ante los ojos de todos los que financiaban mis proyectos. Acá no había prueba de error. O salía bien o salía mal”,  dice.

Después de esto, pasó tres días respondiendo mails, mensajes de Whatsapp y directos de Instagram. Las felicitaciones no paraban. Había salido a las 3 de la mañana del evento. Ahí recién tuvo tiempo para disfrutar. No había conversado con nadie, corriendo de un lado para el otro solucionando problemas. Finalmente, llegó el momento de recibir las felicitaciones. Y al igual que con su primera producción en Cerro Castillo, sintió la retribución que buscaba.

“Entonces te vas emocionando y creyendo el cuento. Como cuando a los 18 me decían: “oye, vas a ser la promesa chilena”. Acá dicen: "está dando resultados, está apareciendo en las revistas, en internet, en las redes sociales, la gente está llegando a verlo”. Empiezas a sentir una retribución, como en un momento lo sentí con los medios, cuando los periodistas decían que era promesa. Ahora es muy distinto porque la retribución la sientes de la gente. Es algo que ellos ven, que ellos sienten. Antes, cuando era un competidor, competía para mí, entrenaba para mí y si ganaba un podio era para mí. La producción audiovisual es compartir ¿Para qué te vas a meter a la punta del cerro a grabarlo?, para traerlo a Santiago y mostrarlo a la gente. En esta etapa es todo para la gente y eso te motiva. Cerro Castillo lo hicimos con baja producción y el estreno fue con poca gente. Después, en Resiliencia, la producción fue 10 veces mejor y la cantidad de gente fue el triple. Llega el invitado de la tele, el top del deporte, el ciclista, la familia, los amigos... Entonces ves el estreno y dices: oye toda esta gente está aquí para ver esto. Te retribuyes de la gente y la misma gente te motiva a seguir haciendo más y más”, comenta.

Resiliencia ya vio la luz, pero a Vicente, aún le queda mucho trabajo por hacer. Al parecer, la aventura aún no termina.

“Estoy disfrutando mucho el resultado, pero aún estoy en proceso. Ya se hizo todo. Fui atleta, después productor audiovisual, productor de eventos y ahora, una agencia de comunicaciones. Es todo un proceso porque, si el video no sale online, tengo que hacer la pega de agencia de comunicaciones. Me tengo que mover: que lo metan en este festival, en esta activación, en este lugar, en este evento. Obviamente ya tengo en mente nuevas ideas, pero todavía me quedan cuatro meses de seguir trabajando con este proyecto”, cierra Vicente.

 

Recuadros

 Clima

“He visto grandes producciones que fueron grandes éxitos y otras, grandes fracasos.Todas las que fueron fracasos, lo fueron por dos razones: el clima y un líder que tomó las decisiones incorrectas”, dice Sutil.

El factor climático en los deportes de montaña es fundamental. Puede condicionar el resultado de las expediciones e, incluso, llevarlas al fracaso. Es por esto que Vicente mantiene una visión firme sobre el tema: “si hay sol vamos, si no hay sol, nos quedamos. No vamos a ir a perder tiempo, a perder plata. No vamos a ir a hacer nada”, dice el productor.

Armando la maleta

 Vicente cuenta con una visión doble: como atleta y como productor. Explica que, lo principal, es llevar los implementos que sean polivalentes para estas expediciones, porque en la montaña, llevar peso de más puede ser hasta riesgoso. “Algo más general: un esquí que se comporta bien en distintas condiciones, una bota que, quizás es un poco más pesada pero también se comporta bien en todo”, comenta.

En el caso de las cámaras, para toda expedición graba las líneas con tres diferentes: una fija, un drone y una GoPro. Es importante llevar más de un drone,  ya que la posibilidad de que uno se caiga es muy alta. 

 

Cine real

 A diferencia del cine, en este tipo de producciones no hay posibilidad de repetir la toma. Ya sea porque las cámaras no alcanzan a grabar al esquiador, o porque éste se cae haciendo alguna de las maniobras. Tampoco se pueden arriesgar a que quede mal grabado por temas de iluminación o que el equipo no sepa qué viene a continuación. Esto lo aprendió como esquiador y lo aplicó como productor al momento de realizar sus videos.

“Está 100% conversado con los camarógrafos y fotógrafos. En el fondo, le planteas la idea al fotógrafo o camarógrafo, él te da el feedback y ves cómo hacerlo. Muchas veces tienes que llegar a un punto intermedio. Para eso tiene que haber un balance en el fondo, porque puede pasar que la mejor línea para el esquiador esté en sombra, y si está en sombra al camarógrafo no le sirve. Es súper conversado”, explica Vicente.

Cuando aún así existe alguna descoordinación, debe empezar el ingenio humano y las habilidades en la edición. “Cuando el dron pierde al esquiador por ejemplo, que es muy común, sabes que después deberás jugar con los errores para hacer que desaparezcan. Pasa mucho. A veces, de tres líneas, solo una anda bien”, comenta.

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