La aventura colombiana del Niño Volcán

Francisco Pino, también conocido como “El Niño Volcán” debido a su fascinación por correr volcanes, ha ganado importantes campeonatos de Trail Running con apenas cinco años practicando la disciplina, y hoy, espera correr por grandes aventuras como la que encontró en Manizales, Colombia.

 Francisco Pino (28), el Campeón Nacional de Trail Running y Campeón Sudamericano de Trail Running (2017), vive en Los Ángeles, Región del Biobío. Su vida siempre ha estado ligada al deporte. Practicó artes marciales y rugby, y el montañismo también era parte de sus actividades pero el Trail Running aún no formaba parte de su órbita. Hasta que, en una excursión con unos amigos al volcán, uno de estos le hizo una recomendación que terminó por cambiar el curso de su vida.

“En una ocasión, subiendo un volcán, a un amigo se le habían quedado algunas cosas que eran importantes. Habíamos avanzado bastante y les dije que me esperaran ahí. Bajé corriendo el volcán, y subí casi corriendo. Cuando llegué arriba, uno de ellos me dijo: ‘oye, ¿por qué no te inscribes en unas carreras de montaña que están saliendo en Chile y en Europa?, son bien buenas  y creo que serías bueno’. Llegando a mi casa busqué carreras de montaña y descubrí al español Kílian Jornet. Me enamoré de este deporte, me enamoré 100 por ciento, y dije: ‘esto es lo que tengo que hacer’. Al próximo día, fui a comprar equipo y ya estaba corriendo, entrenando”, recuerda Francisco. 

Desde ese momento decidió dedicarse al Trail. Comenzó a entrenar y a pasar muchas horas corriendo en volcanes con la idea de llegar bien al momento de competir.

“Mi primera competencia fue el K21 de Pucón, en el Volcán Villarrica, que fue de 21 kilómetros con 1500 positivo. Obtuve el primer lugar general. Luego pasaron dos semanas y fui a competir en La gran Travesía de los Valles, que era de 50 kilómetros. Mi segunda carrera fue un ultra y ahí también gané. Ese año participé en ocho carreras, gané siete y en una saqué el segundo lugar”, cuenta. 

Después del primer campeonato que ganó, Francisco se sintió eufórico. No sintió fatiga ni cansancio. Al día siguiente quiso seguir entrenando y subió un volcán. Sentía que era algo natural, que estaba hecho para esto. Quería ganar cosas importantes y este solo era el inicio. Al segundo año de práctica, apareció en su camino el primer Campeonato Nacional de Trail Running que se realizó en Chile, el cual, finalmente, también ganó. 

“Convertirme en el primer campeón nacional fue mucha alegría. Me sentía muy orgulloso de mí mismo porque entrené mucho para poder estar en óptimas condiciones. Y había algo dentro de mí que estaba seguro que iba a ganar esa carrera. Cuando ocurrió no lo creí, pero al pasar los días dije: ‘vaya, soy el primer campeón nacional’”, dice.

Dos meses después, vino un desafío aún mayor: el Campeonato Sudamericano de Montaña y Trail, en Villa La Angostura, Neuquén, Argentina. Y nuevamente terminó por consagrarse campeón, completando los 42 kilómetros en 3 horas, 31 minutos y 15 segundos.

“Es la experiencia deportiva más grande que he tenido en mi vida y lo conseguí gracias a todas las personas que pudieron ayudarme a estar ahí. Gracias a las marcas, a mi familia, a mi polola. Cuando supe que iba a ganar, cuando ya vi el arco, miles de momentos pasaron por mi cabeza. No lo creía”, comenta.

Para conseguir este tipo de logros, la preparación es fundamental. En lo psicológico, la presión frente a las nuevas competencias se eleva. Por eso, el apoyo de sus padres y  hermanos que estudiaron psicología, es importante. Sin embargo, para él, lo principal es la cantidad de tiempo que pueda pasar en la montaña. 

“Mi preparación física y psicológica es pasar muchas horas en la montaña. Si tengo una carrera de larga distancia, paso más horas. Si tengo una carrera de corta distancia, paso un poco menos de horas, pero más explosivas. No soy tan cuadrado. Tampoco lo llamo entrenamiento. Lo llamo ir a conocer un lugar, ir a una laguna, ir a una cresta, ir a hacer montaña. Hago mucho desnivel, entre 10.000 y 14.000 metros a la semana. Y entre 150 y 180 kilómetros semanales. También incorporo un día a la semana pista, y un día a la semana gimnasio”, explica.

Sin embargo, es su peculiar fijación por los volcanes la que hizo que se ganara el apodo de Niño Volcán. “Paso muchas horas en el volcán. Solo por estar. Durante una temporada de verano me fui a vivir al centro de ski de montaña Volcán Antuco. Todos los días subí el volcán, durante un mes. Estuve constantemente subiendo y bajando. Siempre estaba en el volcán”, recuerda.

Esta distinción hizo que lo llamaran a participar del Festival de la Montaña de Manizales, una carrera de Trail Running que se realiza en el Volcán Nevado del Ruiz, en Colombia. Francisco se sumó a los casi 700 que desafiaron las distancias: 5,12 kilómetros, 21 y 42k, apuntándose dentro de esta última categoría.

“Ha sido una de las experiencias más bonitas que he tenido, nunca había tenido la posibilidad de correr en Colombia. Pude llegar a Manizales, conocer los nevados del Ruiz, conocer la cultura, a la gente, al corredor colombiano, todos apoyándose, muy cariñosos, muy de piel”, cuenta Francisco.

Pero la calidez de su gente y la belleza de los paisajes contrastaron con la rudeza de la prueba y la altitud le jugó una mala pasada al Niño Volcán. “El desafío se realizó a 3.800 y 4700 metros y era mi primera carrera en altura. Creo que me faltó aclimatarme un poco, pero pude completar el kilómetro vertical. Terminé sexto”, comenta.

Si bien, la altura era un tema que tenía pensado, no dimensionó su real impacto y durante la carrera comenzó a sentirse cada vez más afectado, lo que produjo que avanzara a grandes pasos, pero sin poder correr. “Me sentía algo mareado, con dolor de cabeza, muchas palpitaciones, no podía respirar bien. Pero podía seguir avanzando, sostenido, hasta que llegaba a las partes más altas. Ahí era mucho más difícil poder seguir”, dice.

“En el kilómetro 17 o 18 me revisó un doctor y me dijo que no podía continuar porque tenía principio de edema pulmonar y tenía mal de altura, palpitaciones en la cabeza y un poco de hipoxia. Me dio soroche, como le llaman”, agrega.

Pese a que tuvo que retirarse, no se arrepiente de la decisión. Sabe que los próximos desafíos no faltarán. Por lo demás, su recuperación fue rápida y pudo volver a correr en sus tan queridos volcanes.

“Creo que fue lo correcto. Siempre escucho mi cuerpo. Cuando no reacciona bien o no me siento cómodo, pienso que siempre hay otra oportunidad para correr. Lo tomé de la mejor forma. Creo que gracias a eso, hoy puedo seguir corriendo”, reflexiona.

De todos modos, las aventuras del Niño Volcán por tierras cafeteras aún no acaban y hoy, espera volver y terminar la carrera que tuvo que abandonar. “Me encantaría volver a correr allá, porque el entorno, el lugar, las personas, son increíbles. En Chile tenemos muchas montañas en altura y creo que tendría que irme una temporada a practicar allá, estar en altura y prepararme”, concluye.

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